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Historia de la centralita telefónica

Historia de la centralita telefónica

Han pasado casi 160 años desde la invención del teléfono por parte de Antonio Meucci y es bastante improbable que ni en sus mejores sueños ni en los del inventor y empresario Alexander Graham Bell, que cogió su relevo, apareciera un mundo como el de hoy, tan increíblemente conectado y comunicado.

Lo que empezó en 1857 como un experimento de poco alcance no tardó en explotar por las evidentes ventajas que prometía. El ser humano es un animal social que necesita comunicarse continuamente. Para lo serio, formal e importante, pero también para lo intrascendente y banal. La cuestión es que los humanos hablamos y nos comunicamos sin parar y el teléfono apareció en el momento preciso en el que el mundo estaba adquiriendo una velocidad de desarrollo inusitada. El mundo necesitaba nuevas formas de comunicación que salvaran las grandes distancias y los pioneros de la ingeniería de las telecomunicaciones dieron un paso al frente.

  

                                                                        Antonio Meucci  Alexander Graham Bell

 

 

El teléfono: destino y origen de muchas tecnologías


La invención del teléfono, como la de tantas otras tecnologías, se basa en los logros técnicos y científicos previos, como, por ejemplo, la electricidad. Pero el mismo teléfono tampoco nació como un artilugio completo y acabado. Fueron necesarios muchos otros pequeños (pero grandes) pasos, incorporaciones e innovaciones para llegar al nivel de tecnología telefónica analógica que hoy conocemos. Sin entrar en la tecnología digital. Desde el primer teléfono del siglo XIX hasta el inalámbrico que hay hoy en tantos hogares han pasado muchas cosas. Como usuarios, seguramente no somos conscientes del largo trayecto que nos ha llevado al teléfono actual. Pero es interesante asomarse y descubrir algunos de los detalles de la evolución de la telefonía.

 

Las centralitas: un intermediario imprescindible


Uno de los grandes avances tecnológicos en telefonía se realizó pocos años después de que el teléfono fuera patentado por Graham Bell (1876). En 1889, Almon Brown Strowger, un profesor y funerario, inventó la centralita automática, dispositivo que patentó en 1891. Hasta ese momento, la conexión entre la persona que llamaba y la que recibía la llamada telefónica era indirecta. Ambas partes no podían establecer contacto directamente y sin intermediario, sino que era necesario, por requerimientos técnicos, que una centralita los enlazara. La primera conexión telefónica pública de este tipo se realizó en una centralita de funcionamiento manual de Estados Unidos (1878), a la sazón el único método posible. En las centralitas manuales la distribución de llamadas se hacía con operadoras (casi siempre eran mujeres) que se encargaban de la conexión de las clavijas de la red en las tomas que correspondieran. De este modo, la persona que efectuaba la llamada telefónica realmente estaba contactando primero con la centralita, que enchufaba la clavija en la toma que correspondiera a la persona destinataria de la llamada.

 

 

Las operadoras de las centralitas manuales


La proliferación de los teléfonos, que fue exponencial, obligaba a la existencia de muchísimas centralitas y operadoras, que ejercían una labor incesante y frenética. Esto también implicaba, por lo tanto, que las llamadas telefónicas no fueran inmediatas. Cuanto más larga fuera la distancia, más centralitas estarían implicadas, más operadoras tendrían que insertar las clavijas de la red y, en consecuencia, más tiempo había que esperar para conseguir llegar al destinatario. Las operadoras se profesionalizaron pronto y la celeridad y precisión acabaron siendo la premisa de su puesto. Las llamadas trasatlánticas podían demorarse hasta dos horas antes de que sonara el teléfono del destinatario, aunque la profesionalidad de las operadoras solía reducirlo a una media de 15 minutos. A nuestros ojos, una espera intolerable. En el siglo XIX y principios del XX, nunca se había observado una velocidad de contacto entre Europa y América tan rápida. No sería incorrecto decir que para el grueso de la población, el teléfono representaba una maravilla propia de una novela de Julio Verne.

Sin embargo, el uso de la centralita manual implicaba también la pérdida de privacidad, ya que las operadoras podían escuchar las llamadas o manejarlas a su antojo. Esta circunstancia fue el germen inspirador del invento de Almon B. Strowger, la centralita automática.

 

Almon B. Strowger: el funerario metido a ingeniero

Strowger era profesor y dueño de una empresa de pompas fúnebres en Kansas City. En 1886, decidió que, para mejorar el servicio de su empresa y captar más clientes, era imprescindible tener su propia línea telefónica, que en ese momento ya era un aparato imprescindible en el mundo de los negocios. Para su sorpresa, la instalación del teléfono en la funeraria no solo no aumentó el número de clientes, sino que estos bajaron.

Strowger acabó descubriendo que en la centralita manual de Kansas City, la operadora que debía conectar las llamadas a su empresa realmente las estaba desviando a la funeraria de un competidor. La operadora era la esposa del competidor y cada vez que alguien llamaba a la centralita preguntando por una funeraria, ella simplemente los dirigía al negocio de su marido, en vez de actuar con neutralidad. A pesar de sus quejas a la compañía, Strowger no consiguió que se arreglara el problema.

 

 

Eso le llevó a buscar un sistema de conexión telefónica automática que permitiera a las personas que llamaran dirigirse exactamente a quien desearan, sin tener que pasar primero por la arbitrariedad de una operadora. En 1888 consiguió desarrollar un sistema de centralita automática, el conmutador Strowger, que patentó en 1891. El éxito del invento le llevó a abandonar el negocio de las pompas fúnebres para fundar una compañía que explotara su patente, The Strowger Automatic Telephone Exchange Company, que posteriormente pasaría a ser la Automatic Electric Company.

A pesar de la relevancia del conmutador automático, Strowger acabó vendiendo la patente por solo 1.800 dólares. Una cifra de importancia en la época, pero realmente mínima comparada con la fuerza revolucionaria del invento. En 1916 la patente volvió a ser vendida por 2,5 millones de dólares a la compañía telefónica de Graham Bell, una cifra que, ahora sí, era mucho más justa respecto a la importancia del invento.

Strowger abandonó su empresa en 1896 y acabó emigrando a Florida, donde se desentendió de su invento y parece ser que volvió al oficio de la funeraria. El padre de la telefonía automática murió en 1902 a los 62 años.

 

El conmutador Strowger


Fue desarrollado con la ayuda de su sobrino y permitía que la persona que llamara pudiera contactar directamente con el destinatario de la llamada sin pasar por la centralita manual. Esto se conseguía con un complejo selector constituido por un tambor que tenía 10 hileras y 100 contactos por hilera. Cada uno de estos contactos se dirigía directamente a la línea de un abonado.

Pulsando unos botones G, H e I, situados en una caja, se podía seleccionar un contacto del tambor. ¿Cómo? Si el número de un abonado era, por ejemplo, el 245, con el conmutador Strowger la persona que llamaba debía pulsar dos veces el botón G (las centenas), cuatro veces el botón H (decenas) y cinco veces el botón I. El tambor se movía para que las clavijas coincidieran y la llamada pudiera ser efectuada.

 

El éxito de Strowger


En noviembre de 1892, la compañía de Strowger puso en marcha la primera centralita de conmutación automática en La Porte (Indiana). Con los años, los ingenieros de la empresa perfeccionaron la patente inicial y aumentaron la complejidad y cantidad de contactos admitidos por el conmutador (llegaron a patentar un selector de 1.000 posiciones en 1892). La centralita automática empezó a difundirse por diversas ciudades y dio el salto a Inglaterra en 1897.

El concepto de centralita automática observó nuevos inventos y progresos que avanzaban en complejidad, velocidad y prestaciones. El sistema de botones de Strowger fue abandonado con la llegada del marcador rotatorio que nos ha acompañado durante todo el siglo XX y curiosamente no ha sido hasta hace relativamente poco cuando los botones han vuelto al teléfono.

 

 

La resistencia de las centralitas manuales


A pesar de la comodidad de la centralita automática, las centralitas manuales han persistido con fuerza hasta los años 60 (en España, algo más), debido a que las operadoras telefonistas fueron asumiendo nuevas responsabilidades y funciones más allá de la simple conexión de clavijas. Poco a poco, muchas de estas profesionales fueron tomando carácter de secretarias de las compañías y, entre sus tareas, destacaban ciertos aspectos del trabajo administrativo de oficinas y recepciones. Esto justificó su permanencia en el sector.

 

Las centralitas, hoy


La central telefónica o centralita ha seguido su evolución y hoy continúa siendo un elemento imprescindible en la red de telecomunicaciones. Los equipos de transmisión y conmutación posibilitan la conexión entre las líneas de los abonados, que acaban en las centralitas, y mediante enlaces intercentrales se comunican con otras centralitas de igual o distinta jerarquía. De algunas centralitas también parten los enlaces interurbanos que permiten la conexión entre diferentes poblaciones.

Empresas, organizaciones e, incluso, algunos hogares pueden disponer de centralitas privadas que comunican extensiones o anexos, un método muy útil para simplificar las comunicaciones internas de la compañía o vivienda, así como de gestionarlas y canalizarlas.